La copa

Él acariciaba con la yema de sus dedos el borde de la copa de cristal, al otro lado de la mesa. Mientras tanto, ella lo miraba, aunque escueta, imaginando que la besaba con labios y lengua. Esos dedos podían ser también un ligero tacto contornando sus pezones. Entonces, no pudo evitar inclinar levemente las caderas en su asiento, arqueando la columna y entreabriendo las piernas que rozaban el mantel. El resto de los comensales no advirtieron esas sutilezas. Hablaban animados sobre política y educación. Él exponía sus principios sin soltar la cintura fina de la copa; y ella le entornó sus párpados en un gesto instintivo que bordeó la excitación. Cruzaron los ojos y el disimulo de ambos fue feroz. La boca de él se secó y la de ella se humedeció. Se acomodó el cabello como buscando recuperar concentración en lo que estaba sucediendo alrededor. Llegó la última ronda de Cabernet Sauvignon que le dio un gusto denso a sus paladares, coloreándolos de rojo interiormente. La cena terminó, se levantaron y despidieron como siempre, un beso en cada mejilla y sin guiños de despedida.

Solei Dominguez

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Clímax

“El espejo era mi cómplice cada tarde. Bastaba sentarme frente a él para comenzar el juego. La caricia era lenta, atravesaba el largo de mis piernas y me saboreaba. Mi boca entreabierta alteraba la respiración hasta el gemido final, y yo, era mi único testigo.”

Vanina pujol

Arte Digital: “Madame Mariposa” de Daiana Infante

Bitácora

Busco un papel o algún cuaderno viejo, la birome que está sobre la mesa de luz o la que tengo guardada en el cajón. Me siento en la cama y comienzo a escribir. Es un enriedo de palabras.
Parece un cuento sin principio o el capítulo de un libro. El narrador, siempre presente, está furioso, y por momentos lo ahoga la angustia.
No hay puntos ni comas. A veces le habla a alguien, y otras se dirige a él.
Las letras se dibujan temblorosas y las palabras húmedas.
El cuento tampoco tiene final.
El cuaderno se cierra, o la hoja que está suelta se guarda en alguna libreta.
El enojo se aplaca y la angustia desaparece

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Presagio

 

Suicidio. Masculino. Unos setenta años. Los Alerces 1020, casa de pasillo, departamento 03. En menos de veinte minutos me encontraba en el lugar del hecho. La zona ya estaba vallada, y los curiosos a unos cuantos metros murmurando hipótesis. Apenas pisé el pasillo viejo, con olor a moho y oscuro, una mano, apoyada fuerte en mi pecho, me inmovilizó. Cerré los ojos, me ahogaba, intenté respirar con normalidad y los abrí. Nada se interponía en mi camino, el oficial Nandez me observaba unos pasos adelante. –¿Está bien? –Sí, lo estoy. Seguí caminando hasta la puerta de chapa celeste que tenía dibujado el 03 en pintura negra, estaba abierta. Me detuve frente a ella, mi compañero ya estaba adentro, parado junto al cuerpo.

Pude verlo, y recordé aquel hombre canoso ahogado en la pileta, lo encontré boca abajo, vestido en su traje gris oscuro, camisa blanca y corbata de colores violáceos. Sigue leyendo

Ninja

ninja

Comenzar el año nuevo es siempre un intento por tener una mirada nueva de aquello que durante días y días se va opacando bajo el polvo de la rutina. Ese esfuerzo de todos los eneros puede resultar agobiante y hay quien se rinde antes de comenzar, quien se golpea la cabeza con la persistencia de lo previsible que resulta cambiar de año todos los años.

Para esa dificultad puede haber varios remedios, uno de ellos es volver, especialmente a aquel lugar donde el tiempo ha transcurrido sin que lo hayamos visto pasar, como un ninja sigiloso que va cambiando de puesto ciertas cosas.

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Rulos afro

A sus 5 años, Camila hizo una de sus primeras fotografías: un retrato de escuela. De esos que se hacen una vez por año, con el grupo de cada clase y por cada alumno. Esa mañana, su mamá la había dejado pasarse un leve baton y la había ayudado a prepararse el pelo para dejarlo suelto con sus rizos erizados: quería que la cámara la tomara así, sin trenzas ni colita. La maestra a cargo de las 25 niñas, cada una con su foto, no supo administrar ni el tiempo ni los rulos de Camila. Quería acelerar la fila, la mayoría de pelo liso y tez blanca. Pero cuando se vio frente a las ondulaciones afro de Camila que no se acomodaban a la orden de aplastarlos con el peine, optó por atárselo con una cinta bien alta. Hoy recuerda que aquel episodio fue “el primero de muchos enojos – en aquel caso con la profesora – por esconderme la esencia de mujer negra”. Actualmente, tiene 27 años y es modelo en una agencia que se llama Jacaré Moda que promueve la diversidad racial en las pasarelas brasileñas.

Sole Dominguez

Crepúsculo

 

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La muerte la dejó perpleja otra vez.
El derrumbe que hostigaba sus días parecía detenerse.
Un instante.
Girar hacia atrás sobre cimientos quebradizos la hacía tambalear.
Un momento.
El telón bajaba sus ojos, nada podía ver, penumbras.
Intervalo.
El revoloteo de una mariposa encendió la luz
Los trazos se cruzaban en el aire.
Mandala.
Estaba detenida en un laberinto. Había que elegir la salida.
Sabiduría ante el dolor, estremecimiento.
Infinito.

Vanina Pujol