Presagio

 

Suicidio. Masculino. Unos setenta años. Los Alerces 1020, casa de pasillo, departamento 03. En menos de veinte minutos me encontraba en el lugar del hecho. La zona ya estaba vallada, y los curiosos a unos cuantos metros murmurando hipótesis. Apenas pisé el pasillo viejo, con olor a moho y oscuro, una mano, apoyada fuerte en mi pecho, me inmovilizó. Cerré los ojos, me ahogaba, intenté respirar con normalidad y los abrí. Nada se interponía en mi camino, el oficial Nandez me observaba unos pasos adelante. –¿Está bien? –Sí, lo estoy. Seguí caminando hasta la puerta de chapa celeste que tenía dibujado el 03 en pintura negra, estaba abierta. Me detuve frente a ella, mi compañero ya estaba adentro, parado junto al cuerpo.

Pude verlo, y recordé aquel hombre canoso ahogado en la pileta, lo encontré boca abajo, vestido en su traje gris oscuro, camisa blanca y corbata de colores violáceos. Sigue leyendo

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Ninja

ninja

Comenzar el año nuevo es siempre un intento por tener una mirada nueva de aquello que durante días y días se va opacando bajo el polvo de la rutina. Ese esfuerzo de todos los eneros puede resultar agobiante y hay quien se rinde antes de comenzar, quien se golpea la cabeza con la persistencia de lo previsible que resulta cambiar de año todos los años.

Para esa dificultad puede haber varios remedios, uno de ellos es volver, especialmente a aquel lugar donde el tiempo ha transcurrido sin que lo hayamos visto pasar, como un ninja sigiloso que va cambiando de puesto ciertas cosas.

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Rulos afro

A sus 5 años, Camila hizo una de sus primeras fotografías: un retrato de escuela. De esos que se hacen una vez por año, con el grupo de cada clase y por cada alumno. Esa mañana, su mamá la había dejado pasarse un leve baton y la había ayudado a prepararse el pelo para dejarlo suelto con sus rizos erizados: quería que la cámara la tomara así, sin trenzas ni colita. La maestra a cargo de las 25 niñas, cada una con su foto, no supo administrar ni el tiempo ni los rulos de Camila. Quería acelerar la fila, la mayoría de pelo liso y tez blanca. Pero cuando se vio frente a las ondulaciones afro de Camila que no se acomodaban a la orden de aplastarlos con el peine, optó por atárselo con una cinta bien alta. Hoy recuerda que aquel episodio fue “el primero de muchos enojos – en aquel caso con la profesora – por esconderme la esencia de mujer negra”. Actualmente, tiene 27 años y es modelo en una agencia que se llama Jacaré Moda que promueve la diversidad racial en las pasarelas brasileñas.

Sole Dominguez

Crepúsculo

 

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La muerte la dejó perpleja otra vez.
El derrumbe que hostigaba sus días parecía detenerse.
Un instante.
Girar hacia atrás sobre cimientos quebradizos la hacía tambalear.
Un momento.
El telón bajaba sus ojos, nada podía ver, penumbras.
Intervalo.
El revoloteo de una mariposa encendió la luz
Los trazos se cruzaban en el aire.
Mandala.
Estaba detenida en un laberinto. Había que elegir la salida.
Sabiduría ante el dolor, estremecimiento.
Infinito.

Vanina Pujol

Te cambio por un helado

helado de chocolate y limonMi tía Ester vino a cuidarnos porque mis papás se fueron de viaje. Todos los días se levantaba temprano para ir a lo de Don Hugo a hacer las compras. Don Hugo, era el almacenero.

“Anita, si querés comer un helado, vení conmigo te compro uno”, me lo dijo antes de darme el beso de las buenas noches. Le contesté que sí, que me despierte.

A las 7 de la mañana me llamó y salté de la cama, y realmente salté, porque ella ya estaba con la carterita puesta.

Tenía seis años y desde ese día se me hizo costumbre levantarme, acompañar a mi tía y tomar mi helado. Sigue leyendo

Pensamientos de ducha

  1. Quedarse pensativo es también una especie de pensamiento de ducha, de esos que se encadenan sin sentido como en una conversación larga y superficial. Se pierde la mirada y uno se desprende de este mundo para fantasear con cosas que no van a pasar nunca y con recuerdos que se van deshaciendo como el jabón en barra. Lo bueno es que al menos se relajan los ojos.
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Rosa marcha por todas

rosa

Rosa, marcha desde hace un año.

Está sentada en la escalinata de la plaza Colón. Un punto de encuentro de los tantos que se organizaron en la tarde previa a las marchas de “Ni una menos”.

Tiene sus labios pintados de naranja y unos aros de perla que iluminan su cara. Me abraza como si me conociera desde siempre. Es un diálogo interrumpido, cada uno que va llegando la saluda  afectuosamente, con abrazo, beso, y le preguntan cómo está, si tiene frío. Todos la cuidan, pero en realidad, ella cuida a todos.

Su imagen de hace un año nada tiene que ver con la señora coqueta que tengo a mi lado. Salió por todos los canales de televisión con un ojo hinchado, y los pómulos morados. No era la misma.

Tiene 74 años, y estuvo casada 40. Es pintora. Hace 4 años se acercó por primera vez a un grupo de adultos mayores. -La pasaba muy bien allí- cuenta alegre -Bailábamos, tomábamos mate y entre charlas y encuentros conocí a Juan. Sigue leyendo